Manifiesto MIREN

Los resultados de la última elección descubren claramente dos elementos. Primero,  la población cansada del autoritarismo, la política de ...

Los resultados de la última elección descubren claramente dos elementos. Primero,  la población cansada del autoritarismo, la política de despojo y rapiña de los bienes públicos, la corrupción, el creciente deterioro de los servicios públicos básicos, el empleo precario y el creciente deterioro de su nivel de vida, provocado por la especulación en los precios de los bienes alimenticios, le dio una contundente derrota al candidato oficial y la forma de gobernar que representaba. Este resultado es en buena medida el producto de la lucha de diversos sectores de la sociedad, todos ellos agobiados por la desgastada política neoliberal que se ha venido practicando en el país, la cual logró deslegitimar al gobierno, develando, además, su carácter autoritario y antipopular.

En segundo lugar, el sistema electoral, diseñado como está para perpetuar el actual modelo de enriquecimiento de unos pocos y el sistema de democracia de baja intensidad que lo acompaña, no permitió que la situación de creciente descontento popular se manifestara en un triunfo electoral de los sectores más consecuentes con el desarrollo de un verdadero proyecto de país soberano, popular, democrático, socialmente justo y plenamente respetuoso de la naturaleza. Fue así que, en el juego de la partidocracia, el triunfo electoral correspondió nuevamente  a una coalición de partidos e intereses tradicionales, las cuales, pese a la presencia de algunas propuestas sociales, surgidas al calor de la contienda electoral, mantienen en el núcleo duro su proyecto - sobre todo en lo económico -  una clara política neoliberal.

A poco tiempo de andar del nuevo gobierno se pueden observar algunos indicios de una práctica política distanciada de los intereses de la nación y el pueblo panameño. Esto no solo es claro en las prácticas observadas de nepotismo y elitismo, sino en el estilo de alianzas políticas que el mismo viene desarrollando, las cuales se encaminan más a una repartición de la cosa pública que hacia la consecución del bien común. El posible desenlace de la elección del futuro Contralor y del Procurador de Justicia muestra esta realidad.

Por otra parte, las esperanzas de una real alianza entre los consumidores de la ciudad y los productores del campo se han visto frustradas. El gobierno, desgraciadamente, optó por una política de regulación de precios temporal, insuficiente e incapaz de atender el problema central: la presencia de oligopolios especuladores en la cadena de distribución de los bienes básicos. En estas circunstancias no es de extrañar que, de acuerdo a las encuestas más recientes, cerca del 72% de la población considera que el costo de la canasta básica no ha bajado o ha aumentado. A esto se suma el compromiso realizado en julio pasado frente a la Organización Internacional del Comercio (OMC) de reducir, antes del primero de enero de 2015,  un conjunto de aranceles, entre los que se encuentran algunos referidos al sector agropecuario.

El carácter de la política  fiscal del gobierno se manifiesta en la presentación de un presupuesto abultado para el 2015, sostenido en supuestos carentes de realidad, que pretenden financiar con la contratación de deuda pública por un monto de B/.4,080.5 millones, cifra superior en 80.6% a la del presupuesto el año anterior. Se trata de una política que no solo contradice las promesas de campaña, sino que profundiza la dependencia externa y el control que ejercen sobre el gobierno y el país las llamadas “calificadoras de riesgos”.
A esto se debe agregar  la falta de una decisión clara del gobierno, pese a su promesa de campaña,  de liquidar el polémico proyecto hidroeléctrico de Barro Blanco y de aprobar una ley que de fin al desarrollo minero y la prohibición de los transgénicos. Así mismo, resultan preocupantes algunas revelaciones que a nivel internacional aseguran que Panamá hace parte de un grupo de cincuenta países que en condiciones de secretismos negocian en la OMC un tratado de liberalización del comercio de servicios, el cual podría llevar a la privatización y entrega a las transnacionales de sectores tan vitales como son la educación, la salud y el agua potable.

Pese a que el ambito político regional está cambiando en favor de las libertades, la democratización e integración latinoamericana, y en buena hora el gobierno del Ingeniero Varela promueve la inclusión de Cuba en la Cumbre de las Américas, las posiciones conservadoras en materia de derechos civiles y humanos a la población LGBTI son lamentables.

Frente a esta situación el Movimiento Independiente de Refundación Nacional (MIREN) reafirma su convicción de la urgente necesidad de conformar una amplia alianza de todos los sectores afectados por la política neoliberal e interesados en darle al país una gobernanza sostenida en valores éticos, construida bajo el criterio de la unidad para la acción.  Esta deberá tomar la forma de una unidad en la diversidad, capaz de articular en un programa coherente los diversos intereses sociales que se confrontan con la política neoliberal, destinado a generar un punto de inflexión, que redirija el país hacia la elaboración y ejecución de políticas públicas guiadas a resolver los ingentes problemas de nuestra población.

El MIREN no solo aspira ser un elemento catalizador para la construcción de este necesario bloque social, sino que también se propone entre sus objetivos facilitar la construcción del programa que, reconociendo los legítimos intereses de cada uno de los sectores sociales, logre convertirse en una palanca fundamental para enfrentar y superar de manera efectiva el modelo neoliberal prevaleciente. Los aportes realizados por el MIREN durante la reciente campaña política electoral a través de su candidato, el Dr. Juan Jované, así como los pactos de compromiso firmados con diversos sectores de la sociedad, son una contribución importante para esta tarea.

Cónsono con lo anterior el MIREN busca constituirse como una fuerza política alternativa, capaz de darle una expresión política eficaz al proyecto alternativo e independiente.  Para ese fin no solo se compromete a acompañar y apoyar la lucha de cada uno de los diversos sectores sociales. También se compromete a insistir en la urgencia que existe en pasar unitariamente de la simple lucha defensiva y reivindicativa a una lucha política, que permita acumular el suficiente poder para iniciar la transformación progresista del país.

En estas condiciones el MIREN se entiende como un movimiento político en construcción, abierto a todos los sectores que enfrentan al neoliberalismo, sueñan con un país soberano, democrático, popular, con un profundo sentido de justicia social, respeto a la naturaleza, que promueva la cultura, con políticas guiadas por los valores éticos que sostiene al bien común. En este camino los temas vinculados con reformas electorales que rompan el monopolio de la partidocracia, así como con la posibilidad de una constituyente originaria destinada a la refundación nacional, resulta de primera importancia.

Sobre esta base el MIREN, basado en su experiencias de luchas sociales, así como de participación electoral, se propone avanzar en sus tareas de organización, concienciación de la población, generación del programa alterno  y de participación y de acompañamiento a la población en sus reivindicaciones.


Panamá, septiembre de 2014

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