El exepcionalismo ambiental: la ruta hacia la ruina

Por exepcionalismo se entiende una situación en la cual algunos individuos, grupos humanos o sociedades está excepto de cumplir con algun...


Por exepcionalismo se entiende una situación en la cual algunos individuos, grupos humanos o sociedades está excepto de cumplir con alguna norma, prescripción legal de comportamiento u obligación ética. El llamado Paradigma del Exepcionalismo Humano, por su parte, propone que los seres humanos no estamos limitados por las posibles restricciones relacionadas con el carácter finito del ambiente que nos rodea.

Esta posición aparece, aunque de forma primitiva, en las teorías tradicionales del desarrollo económico, que lo conciben como un proceso lineal, ascendente y único, por el cual deben pasar todos los países, con el fin de alcanzar las formas sociales de producción y de consumo que caracterizan a las economías más avanzadas. Este es el caso de los planteamientos de Walt Whitman Rostow en su obra Las Etapas del Crecimiento Económico (1960), quien considera que la fase más alta de la economía está dada por la llamada época del alto consumo de masas. En esta toda la humanidad se moviliza en automóviles particulares, vive en los suburbios y, aun cuando el autor no lo dice, genera una gran enorme cantidad de gases invernaderos, mientras que la economía crece a una tasa de interés compuesto para siempre.

La idea que sostiene esta visión está en lo que se conoce con la posición de la sostenibilidad débil. De acuerdo a la misma, tal como se puede encontrar en el pensamiento de Robert Solow, los factores de producción resultan ser intercambiables, por lo que es posible seguir agotando los elementos de la naturaleza, ya que los mismos podrían ser remplazados por medio del capital producido por el hombre. Se trata, para lograr la sostenibilidad, simplemente de lograr el suficiente ahorro para financiar las inversiones en medios de capital que compensarían la disminución del ambiente natural disponible. Es una visión que no deja de extrañar: ¿cuál es la máquina que puede recoger los gases invernaderos que emitimos o es capaz de regenerar la capa de ozono sin medidas de conservación?
Algunos economistas de esta corriente neoclásica, como es el caso de David Pearce, quien, si bien piensa que la sustitución entre factores no sería la suficiente como para resolver el problema, también creen firmemente que, gracias a la racionalidad e ingenio de los seres humanos, siempre lograremos una solución tecnológica que nos permitirá superar cualquier barrera que surja del carácter finito del medio ambiente. La tecnología aparece aquí como una verdadera deux et machina.

La realidad, sin embargo, no parece refrendar este enfoque. Es claro, para comenzar, que nos estamos acercando a puntos críticos, en que la humanidad esta sobrepasando la capacidad de la naturaleza de absorber el impacto de la actividad humana. La emisión de gases invernaderos, los que en su trayectoria actual nos llevarían a un incremento de la temperatura de la tierra por encima de dos grados centígrados en comparación con las etapas previas a la revolución industrial, desatando efectos climáticos catastróficos, es un ejemplo, aunque no el único, de la efectiva presencia de los límites biofísicos que nos acompañan.

Más aún, como descubrió William Stanley Jevons, dando lugar a su célebre paradoja, cada vez que la humanidad ha diseñado medios de capital más eficiente en el uso de la energía, esto no ha significado un ahorro energético, si no un incremento de sus usos. Hoy, por ejemplo, tenemos automóviles más eficientes, pero que en la práctica recorren más millas. (también hay más tranques).

Detrás del Paradigma del Exepcionalismo Humano se esconde una estrategia de negación, tal como la ejercía la industria del tabaco cuando aseguraba que fumar no era causa de cáncer. ¿Dónde está, entonces, la causa de las dificultades?

En última instancia lo que explica los crecientes problemas ambientales es la lógica del actual sistema, cuyo objetivo básico es el lucro creciente y la acumulación sin límites de capital. Este al estar basado en lo que el Papa Francisco llama el dios dinero, necesita expandirse permanentemente y obligarnos a consumir irracionalmente, chocando cada vez más con los límites naturales, a la vez que también precisa de externalizar sus costos, es decir no asumirlos, recargándolos sobre el conjunto de la sociedad, afectando principalmente a los más vulnerables, que siempre sufren mayormente los efectos de las catástrofes naturales. Para el actual sistema: après moi, le déluge (después de mi el diluvio).

Siendo esto cierto resulta fundamental no asumir la arrogancia de los adoradores del becerro de oro, quedando claro que se trata de cambiar al sistema y no al medio ambiente.

por Juan Jované, economista y activista social, coordinador general del MIREN.

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